La seguridad de la información como derecho y deber compartido
La seguridad de la información no se limita solo a los datos personales, sino que abarca toda la información vinculada con la vida personal, profesional o social de las personas. Garantizar un tratamiento seguro implica que los datos permanezcan íntegros, auténticos, confidenciales y disponibles, lo que genera confianza en los entornos digitales. Además, los sistemas que los gestionan deben ser resilientes y garantizar la continuidad de los servicios.
En la actualidad, los ciberataques, el robo de información, el malware y el ransomware son amenazas frecuentes que afectan tanto a ciudadanos como a organizaciones y administraciones. En España, informes del Centro Criptológico Nacional advierten del aumento de operaciones de ciberespionaje, filtraciones de datos y ataques hacktivistas relacionados con conflictos geopolíticos. Estas situaciones evidencian la necesidad de proteger la información y actuar de manera preventiva.
Este derecho puede ser ejercido por cualquier persona u organización, y su finalidad es salvaguardar la integridad, autenticidad y confidencialidad de los datos, así como la resiliencia de los sistemas que los tratan. La seguridad es esencial para mantener el control sobre la propia información: solo si confiamos en que los responsables de los sistemas protegen adecuadamente los datos, podemos ejercer realmente nuestros derechos digitales.
No obstante, la seguridad también depende de cada individuo. Los ciudadanos deben adoptar medidas básicas, como seguir las recomendaciones de los fabricantes de software o mantener sus dispositivos actualizados, para evitar que terceros accedan o utilicen indebidamente su información. Si no lo hacen, podrían perder la protección legal en caso de incidentes.
Los poderes públicos, a través de organismos como el CERT o ENISA, tienen la misión de garantizar la ciberseguridad y coordinar la respuesta ante amenazas. Además, normas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y el Esquema Nacional de Seguridad (Real Decreto 311/2022) establecen obligaciones de notificación y medidas para detectar y gestionar las brechas de seguridad.
Finalmente, la digitalización ofrece grandes ventajas, pero también nuevos riesgos. Por ello, la seguridad digital se convierte en una responsabilidad compartida entre las personas, las organizaciones y las instituciones públicas, siendo la conciencia, la formación y la prevención las claves para proteger nuestros derechos en el entorno digital.
Autoría:
Juanita Pedraza Córdoba
Universidad Carlos III de Madrid
Derecho Público del Estado Instituto Pascual Madoz
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